ELLA
Todo lo que hasta ese momento la había rodeado, todo se esfumaba con el humo. Aquella mañana había tirado todo lo que existía de su antigua vida. La agenda del móvil, los juguetes eróticos, las fotos, e incluso algunos muebles. Se había teñido el pelo, en señal de luto, el amor había muerto, todo lo que había en su interior estaba muerto, ella estaba muerta. De sus ojos no se reflejaba atisbo de ilusión, la pasión que había devorado su cuerpo meses antes se había podrido del desuso.
EL
Apuraba las últimas horas de trabajo, mientras miraba de reojo el reloj. Dudaba o no en acudir a la cita. Entre ellos hubo magia una vez, pero fue hace tanto, que tampoco sabía muy bien que llegaba a sentir, pero ahora los nervios le devoraban. Cuando ella le dijo que se encontraba en la isla, y que lo vería esta noche se le entre mezclaron emociones. Alguna vez había imaginado besarla, y saciarse de su olor a salitre y fruta madura, aquel que sin quererlo se le había metido en el hipotálamo. Pero aquellas mariposas en el estómago le daban nauseas.




